Pocos créditos, alta morosidad y pérdidas en la banca pública

La capitalización del Banco Industrial de Venezuela se esfuma y cae a 0,82%

Desde que asumió la presidencia de la República, Hugo Chávez, ha observado a la banca como un medio para acelerar la vía hacia lo que denomina socialismo del siglo XXI, modelo que aún no tiene mayor definición pero que teóricamente debe trastocar la “lógica capitalista”.

Así, junto al sometimiento de las entidades privadas, mediante fijación de pisos y techos para las tasas de interés y control de hacia dónde se dirigen 47 de cada 100 bolívares otorgados en préstamos, marcha el intento por moldear un sistema financiero público que, en el caso de las principales piezas, destaca por alta morosidad, baja capitalización, poca actividad crediticia y números rojos.

No debió ser así. De hecho, en la exposición de motivos de la reforma constitucional derrotada en diciembre de 2007, Hugo Chávez proponía un sistema financiero enfocado a “promover el empleo, estimular y valorar el trabajo, el ahorro y la inversión productiva y perseguir la justicia social, la prosperidad y la seguridad social para combatir el despilfarro de recursos, inflación y corrupción, la ineficiencia y los desequilibrios macroeconómicos”.

La radiografía
Las estadísticas de la Superintendencia de Bancos permiten precisar la situación de Banfoandes y el Banco Industrial, las piezas más importantes en la red financiera del Estado. El Banco Industrial registra pérdidas por el orden de 153 millones 810 mil bolívares fuertes en los últimos cuatro semestres, una magnitud que al tipo de cambio oficial representa 71,5 millones de dólares.

En parte este resultado obedece a la baja calidad del portafolio de créditos. Al cierre de diciembre de 2008 los préstamos con problemas de pago representan 11% del total, mientras que el promedio del sistema financiero privado es de 1,44%.

Las normas de la Superintendencia de Bancos ordenan que el capital debe respaldar los activos, como créditos y bonos, en una proporción mínima de 8%; no obstante, el Banco Industrial cuenta a diciembre de este año con una proporción de tan sólo 0,82% mientras que el promedio del sistema es de 9,04%.

Banfoandes, si bien no registra pérdidas como el Banco Industrial, cuenta con un índice de capitalización de 6,69% a diciembre, que tampoco cumple con las regulaciones de la Superintendencia.

La calidad de los créditos de Banfoandes no marcha con la tendencia del resto de la banca y al cierre de 2008 los préstamos con problemas de pago equivalen a 8,89% del total.

Paradójicamente las estadísticas de la Superintendencia de Bancos desnudan que las instituciones financieras del Estado son las que en menor medida se enfocan en el crédito.

Para medir esto la Superintendencia utiliza un termómetro conocido como índice de intermediación crediticia que refleja cuánto de los depósitos se dirige a préstamos.

Al cierre de diciembre, en promedio, el sistema financiero orienta 65,62% de los depósitos al crédito, mientras que en el caso del Banco Industrial y Banfoandes la magnitud es de 15,21 y 28,63%.

Lo invisible
Además de las entidades financieras que son reguladas por la Superintendencia, la administración de Hugo Chávez ha creado los bancos del Pueblo, la Mujer, bancos comunales y distintos fondos para impulsar la actividad agrícola e industrial, donde la transparencia es muy poca, lo que imposibilita el análisis de los resultados. El viernes de la semana pasada Hugo Chávez anunció que todo el sistema financiero público entregará este año 9 mil 033 millones de bolívares fuertes (unos 4 mil 200 millones de dólares) en financiamiento.

Los bancos comunales, que son administrados por grupos de ciudadanos organizados bajo la figura de “consejos comunales”, recibirán una inyección de 170 millones de bolívares fuertes (unos 79 millones de dólares), a fin de que continúen “cumpliendo el rol de instituciones financieras al servicio de las comunidades y sus proyectos productivos”.

Para combatir la lógica capitalista la Ley de Economía Popular intenta promover sistemas alternativos donde los venezolanos “pueden intercambiar saberes, bienes y servicios, sin usar la moneda de curso legal y sin emplear prácticas de carácter financiero”.

En concreto, por ahora, esta iniciativa ha dado pie al surgimiento de monedas comunales para incentivar el trueque, como la Lionza.

Víctor Salmerón
EL UNIVERSAL

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