Los Oscar, entre el bostezo y la sorpresa

Duele que el mayor reconocimiento de la industria cinematográfica norteamericana no pueda mantener su tradición de espectáculo extraordinario e imaginativo y ofrecer algo diferente a los demás premios. Si el verdadero Oscar, tío de la secretaria de uno de los ejecutivos fundadores de Hollywood, pudiera ver la ceremonia en la que los actores, directores y técnicos del cine reciben la estatuilla inspirada en él –que por cierto no se le parece nada porque representa a un hombre estilizado, y el original era gordito–, de seguro que dejaría escapar un enorme bostezo.

Cada año que pasa la ceremonia de los Oscar se torna más aburrida y deslucida. La entrega número 81, que se celebrará el 22 de febrero en el Teatro Kodak de Los Angeles, no promete ser más estimulante que la del año pasado, sintonizada por un 20 por ciento menos de televidentes que en el 2007.

Con los mismos rostros en las numerosas premiaciones –los Emmy, los Golden Globes, los SAG Awards– al llegar los Oscar parece que se vive un déjà vu. Los omnipresentes Angelina Jolie, Brad Pitt, Kate Winslet, Leo Dicaprio y Penélope Cruz, por muy bellos y exquisitos que sean, no tienen la capacidad de metamorfosearse. Por otra parte, la entrega de los premios y los discursos de agradecimiento son muy parecidos. Por eso resultó novedoso cuando Mickey Rourke, al recibir su Golden Globe por mejor actor en The Wrestler, le agradeció a su perro, “buen compañero del hombre en sus

soledades”.

Después de ver a Renée Zellweger hacer los mismos pucheritos, o a Meryl Streep, nominada 15 veces –en esta ocasión por Doubt, y ya ganadora de dos estatuillas, por Kramer vs Kramer y Sophie’s Choice– poner cara de asombro cuando se menciona su nombre entre las premiadas, no hay mucho que se pueda hacer para aliviar la modorra de los

espectadores.

Por eso lo único nuevo en los Oscar puede ser el vestido y peinado de las actrices; quién se llevará la palma en excentricidades y qué chistes hará el maestro de ceremonias. El apartado de los presentadores siempre despierta controversia, porque cada cinéfilo tiene su favorito. Han desfilado por esta codiciada posición el insuperable Bob Hope, Steve Martin, Whoopi Golberg, Chris Rock, Chevy Chase, David Letterman, Billy Crystal (preferido de muchos) y Jon Stewart. Este año le toca al actor australiano Hugh Jackman conducir la ceremonia. Sólo se puede rogar que no sea un fracaso como lo fue su filme Australia en

taquilla.

A pesar del charm que pueda aportar Jackman, no podrá ponerle una pizca de picante, a menos que recree su rol de Wolverine en los X-Men y recorra las filas del teatro repartiendo mordiscos en el cuello de las damas. El gran peligro es que se tope con un siempre hiperactivo Jack Nicholson, sin duda uno de los grandes de Hollywood a quien casi todos los actores se sienten obligados a convertir en objeto de sus bromas en cada premiación. A juzgar por el buen ánimo con que las recibe, se podría jurar que Old Jack es una joyita y que son falsos esos rumores de que tiene muy malas pulgas.

Este año los organizadores han pedido brevedad en los discursos de agradecimiento, y sin duda ésta siempre se agradece. Pero, ¿qué nos haríamos sin la espontaneidad de algunos actores más valientes que no olvidan que se trata de show business? Ante la ”corrección política” que exige la Academia, extrañaremos los saltos y brincos del actor y director italiano Roberto Benigni cuando ganó por La Vita è Bella, o los gritos desaforados de Penélope Cruz llamando a ”¡Pedroooooo!” [Almodóvar] cuando le entregó el Oscar por Hable con ella. ¡Cuánto parece haber llovido desde que Angelina Jolie estremecía a los pacatos de este mundo al besar en la boca a su hermano el año en que ganó el suyo como actriz de reparto en Girl, Interrupted. Los que la ven hoy con Pitt, tan derecha y tan compuesta, quizás añoren esos días en que ella y Billy Bob Thornton no podían quitarse las manos de encima uno del otro en las alfombras rojas. Otros quizás reclamen los tiempos en que Angie –excelente actriz y ahora super mamá– coleccionaba cuchillos e iba de ”gótica”. Weird but fun…

Duele que el reconocimiento más alto de la industria del cine norteamericano, que se entregó por primera vez en 1929 con Douglas Fairbanks como presidente de la Academia, no pueda mantener su tradición de espectáculo extraordinario e imaginativo y ofrecer algo diferente a los demás premios.

Para que los Oscar vuelvan a ser lo que eran hace falta más chispa, más leyendas de la época de oro de Hollywood –uno de los mejores momentos de la ceremonia es cuando entregan el Oscar Honorario– y más figuras jóvenes, como las mismas nominadas este año Anne Hathaway, Amy Adams, Tajari Henson, y los indios Dev Patel y Freida Pinto, de la favorita Slumdog Millionaire.

Como esa famosa frase de Groucho Marx en A Night at the Opera, a los Oscar les valdría la invitación: Do you rumba?•

SARAH MORENO

El Nuevo Herald

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