Hija asesinada reveló a amigas abusos de su padre

Pocas semanas antes de que Pablo Josué Amador matara a tiros a su esposa y a dos de sus hijas en su casa de South Miami-Dade antes de suicidarse, Priscila Amador, de 14 años, le confió a dos compañeras de clase que su padre había abusado sexualmente de ella desde que era pequeña.

Una de sus dos compañeras de clase en la Escuela Intermedia Southwood, Marcela Cojulun, le contó a su madre sobre el abuso unas semanas atrás, y se lo relató a la prensa el jueves, horas después de las muertes. La otra compañera de clase dio detalles a su padre, quien dijo a The Miami Herald que Priscila había escrito antes de morir una carta “desesperada” y se la había dado a su hija.

El padre, quien dijo haber quedado “en shock” cuando leyó la carta, pidió que no lo nombraran para proteger la identidad de su hija. Dijo que la policía fue a su casa después de los hechos y se llevó la carta.

Marcela Cojulun aseguró que Priscila le había contado hacía poco que su padre había abusado de ella por varios años.

“Ella me dijo. . . que durante toda su vida su papá había abusado de ella sexualmente. Ella estaba harta de eso y no quería seguir viviendo”, afirmó Marcela, de 14 años, compañera de clase y amiga íntima de Priscila. Ambas niñas iban a la Escuela Intermedia Southwood.

Marcela relató que ella le había contado a su madre lo que Priscila le había dicho del abuso sexual. La madre de Marcela, Gloria Cano, dijo a los periodistas que Marcela le había contado sobre estas alegaciones hacía alrededor de un mes y que ella deseaba haber hecho algo.

“Me arrepiento realmente de eso”, dijo Cano. “No sé si esto hubiera podido detenerse. No tengo palabras”.

No está claro si Priscila había contado a alguien fuera de sus dos compañeras de clase sobre el supuesto abuso, dijo Marcela.

El padre de la otra compañera de clase de Priscila dijo que su hija le había contado de las alegaciones de abuso unas dos semanas atrás, y que Priscila había estado alterada en la escuela.

Marcela dijo que Priscila le contó que ella recordaba el abuso desde que era pequeña, comenzando entre los 6 y los 8 años.

Agregó que Priscila había estado “impasible” en la escuela los últimos días, y que “dijo que rezaran por ella”. Marcela afirmó que ella había animado a su amiga a que hablara con alguien sobre el abuso.

También dijo que Priscila se había puesto tan desesperada por el supuesto abuso sexual que hace poco se había hecho cortadas en dos lugares.

“Ella no podía soportarlo más, que la abusaran sexualmente”, dijo Marcela.

La policía de Miami-Dade no quiso confirmar el jueves las alegaciones de abuso sexual, pero sigue su investigación y busca cualquier otro motivo para los asesinatos, que han horrorizado a los amigos y vecinos de la familia.

“Investigaremos eso como cualquier otra pista hasta que podamos llegar a una conclusión acerca de qué llevó a este individuo a cometer actos tan violentos”, dijo el detective Alvaro Zabaleta, un portavoz de la policía de Miami-Dade.

Funcionarios del Departamento de Niños y Familias del estado dijeron que, según sus archivos, la agencia no había tenido contacto alguno con la familia anteriormente.

El reverendo Brian Carr, el pastor de la Iglesia Metodista Unida Perrine-Peters a cuyos servicios religiosos acudía la familia semanalmente, dijo que no tenía conocimiento de que hubiera habido alegación alguna de abuso sexual.

“Yo no tenía la menor idea de que algo anduviera mal. No quiero entrar en el tema. No sé nada de eso”, dijo.

No se pudo contactar a los dos hijos sobrevivientes de la familia, Javier, de 16 años, y Bea, de 20, estudiante de la Universidad de Miami.

Según la policía, Amador, de 54 años, mató a tiros a su esposa, María Joy, de 47 años, y a dos de sus hijas, Priscila y Rosa, de 13 y 14 años, poco antes de las 6 a.m. del miércoles. Javier Amador llamó al 911 de un teléfono inalámbrico y huyó de la casa ileso. La hija mayor, Bea, no estaba en la casa.

Priscila Amador había puesto un mensaje recientemente en su página de MySpace.com que sugiere que estaba experimentando problemas personales, pero no mencionaba alegación alguna de abuso sexual.

Ella escribió: “He pasado por tantas cosas, y aun así trato de mantenerme en pie, porque el mundo entero se me viene encima, y tratar de ignorarlo me duele cada vez más. Por eso ya no me importa nada”.

La muerte de las niñas ha golpeado a los vecinos y a sus compañeros de clase en la Escuela Intermedia Southwood.

El jueves, los compañeros de Rosa y de Priscila recibieron permiso para salir de clase para poder expresar su duelo. Muchas llevaron flores, osos de peluche y tarjetas para colocar en un altar improvisado frente a la casa de la familia Amador.

Consejeros sicológicos estaban disponibles en la escuela y se espera que estén allí hoy también.

jlebovich@MiamiHerald.com

Por JENNIFER LEBOVICH
The Miami Herald

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