Destituciones fortalecen mano dura en la esfera económica cubana

Los nuevos ministros del gabinete de Cuba, nombrados como parte de una sorpresiva depuración la semana pasada, son un grupo de desconocidos que comparten un historial de atacar el despilfarro y administrar con mano dura.

Los nombramientos subrayan la intención del gobernante Raúl Castro de imponer una disciplina militar en una economía que un alto oficial de inteligencia estadounidense calificó recientemente de “un desastre”.

Enfrentado a $10,000 millones en daños a causa de varios huracanes, el aumento significativo del precio de los alimentos y una reducción en los ingresos, Raúl Castro sustituyó a casi todos los integrantes de su equipo económico, entre ellos varias de las estrellas políticas en ascenso más visibles del país.

Las teorías abundan –algunas contradictorias– sobre la razón de que la mayoría de los ministros despedidos eran del sector económico. Algunos expertos dicen que Raúl Castro purgó a los leales al ex gobernante Fidel Castro, que pudieran haber obstaculizado reformas. Otros sospechan que Raúl Castro simplemente quiso reestructurar el gobierno y atacar primero los problemas económicos con un mayor control sobre una burocracia obstructiva.

Pero muchos coinciden en que se trata de una estrategia para echar a un lado a los potenciales reformistas y afirmar en el poder a las figuras históricas, los funcionarios fieles y los conservadores. El más leal de los fidelistas sigue siendo Raúl Castro.

Esto es lo que ha quedado en claro: la economía cubana está en caída libre. Y mientras Raúl Castro finalmente se desprende de la sombra de su hermano y escoge su propio equipo, debe tomar medidas drásticas para controlar la desaceleración económica.

“El año que termina ha sido, sin duda alguna, uno de los más difíciles desde que comenzó el período especial”, dijo José Luis Rodríguez, entonces ministro de Economía y Planificación, ante la Asamblea Nacional a finales del 2008, refiriéndose a los años de profunda crisis económica que siguió al colapso de la Unión Soviética en 1991.

Rodríguez fue uno de los 10 altos funcionarios despedidos el lunes pasado.

La situación económica es tan crítica que Raúl Castro redujo a la mitad el gasto en viajes y eliminó las bonificaciones y otros privilegios a los empleados estatales.

Cuba sufrió el impacto de varios huracanes devastadores el año pasado, los que dejaron una gran destrucción en toda la isla. El gasto de la recuperación se sumó a una inversión récord de $710 millones en la importación de alimentos sólo de Estados Unidos, un aumento de 61 por ciento en un solo año.

La mayoría de los ministros despedidos tenía alguna participación en la compra de alimentos.

El gobierno ha dicho que espera que la economía crezca 4.3 por ciento este año, aproximadamente la mitad del pronóstico del ocho por ciento. Raúl Castro ha visitado numerosos países con el fin de diversificar las fuentes de financiación, de manera que el país no dependa tanto de Venezuela. Raúl Castro ha firmado acuerdos con China, Irán, Rusia, Brasil y otros productores de petróleo.

Aunque el turismo y algunas exportaciones aumentaron en el 2008, el precio del principal rubro de exportación de Cuba, el níquel, bajó 41 por ciento, y el costo de las importaciones aumentó en más de 50 por ciento.

La isla importa más del 80 por ciento de lo que consume y las medidas para aumentar la producción nacional han sido infructuosos.

“Raúl Castro heredó un legado de abandono total, y no un abandono leve”, dijo el economista Jorge Sanguinetty, presidente de la firma consultora DevTech Systems y quien por años le ha seguido el pulso a la economía cubana. “Raúl Castro tiene que estar preocupado; Cuba está en una situación muy precaria”.

Los cambios en el gabinete afectaron a los ministros de Comercio Exterior, Inversión Extranjera, Industria Alimentaria, Finanzas y Precios, Comercio Interior y la Industria Sideromecánica. Dos de los despedidos –Rodríguez y el vicepresidente Carlos Lage– estaban vinculados a la transformación y la planificación económica que comenzó en los años 90 como resultado de la desaparición del campo socialista y la implantación forzosa del llamado período especial.

Lage fue reemplazado por el general José Amado Ricardo Guerra, quien como secretario del Ministerio de las Fuerzas Armadas, desarrolló un talento especial para la organización. Guerra es esencialmente un burócrata que se ganó las estrellas en un escritorio, bajo la protección del actual ministro de Defensa, el general Julio Casas Regueiro, y de Raúl Castro, quien ocupó ese cargo por más de 45 años.

Los nuevos ministros de la Industria Alimenticia y Finanzas y Precios son mujeres forjadas en la disciplina del partido. Ambas trabajaron en el Secretariado del Comité Central de Partido Comunista, cuya labor es fortalecer la influencia partidista en las tareas estratégicas de la economía y la sociedad.

La nueva ministra de la Industria Alimenticia es María del Carmen Concepción González, llamada la “Dama de Hierro” por sus asistentes desde los días en que era secretaria del Partido Comunista en el municipio de Consolación del Sur.

Posteriormente fue primera secretaria del partido en la provincia de Pinar del Río y estaba a cargo del Departamento Agroalimentario del Comité Central.

La flamante ministra de Finanzas y Precios, Lina Pedraza, es graduada de Economía. Durante los años en que fue fundadora y ministra de Auditoría y Control, entre el 2001 y el 2006, se ganó la reputación de ser rígida y controladora, lo que favoreció su ascenso a jefa del Departamento de Economía del Comité Central.

En resumen: las dos ministras vinculadas a la economía son conocidas por su férrea disciplina partidista.

“Esto se ajusta a la mentalidad militar de Raúl Castro”, dijo Antonio Jorge, economista de la Universidad Internacional de la Florida. “Creo que está tratando de que [la economía] funcione con más eficiencia, más control y menos burocracia”.

Menos clara fue la decisión de nombrar el pasado noviembre como ministro de Agricultura al general Ulises Rosales del Toro, veterano del Ejército Rebelde.

“Como ministro del Azúcar hizo un trabajo pésimo”, dijo Carmelo Mesa Lago, experto en la economía cubana. “¿Tiene sentido [ese nombramiento]? No, pero Rosales es un general y Raúl Castro le tiene confianza”.

También a fines del pasado año, Raúl Castro puso como vicepresidente del Consejo de Ministros y supervisor de la inversión extranjera, a Ricardo Cabrisas, otro de sus hombres de confianza. Hace apenas diez días, Raúl Castro anunció como tres nuevos vicepresidentes del Consejo de Ministros a Rosales del Toro, el comandante Ramiro Valdés (ministro de Informática y Comunicaciones) y a Jorge Luis Sierra (ministro de Transporte).

En los más recientes nombramientos del pasado lunes se suma un general a cargo de la Industria Sideromecánica y un ex coronel como ministro de Economía y Planificación.

El nuevo jefe del sector sideromecánico es el general Salvador Pardo Cruz, quien dirigió las empresas militares que abastecen a las fuerzas armadas.

Marino Alberto Murillo, ahora con la cartera de Economía y Planificación y entre los seis vicepresidentes del Consejo de Ministros, fue designado a comienzos del 2006 para controlar el despilfarro y los desfalcos en las empresas estatales como ministro de Comercio Interior.

Estos nombramientos de militares muestran que Raúl Castro todavía es un firme creyente del proyecto de reformar la economía con el esquema militar de ‘‘perfeccionamiento empresarial”, que llevó a otros sectores estatales en un esfuerzo por mejorar la eficiencia.

Los nombramientos de la semana pasada se suman a otros siete decretados por Raúl Castro desde que fue electo oficialmente como presidente del Consejo de Estado el año pasado, lo que ilustra una tendencia hacia la centralización del gobierno y el nombramiento de militares en cargos clave.

Entre los vicepresidentes del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros –ambos órganos considerados la cima de poder en la isla– hay cuatro generales, dos comandantes de la revolución y un ex coronel del Ejército.

Los expertos dicen que la última vez que hubo tantos cambios de alto nivel en el gobierno cubano fue en 1980, cuando despidieron al 30 por ciento de los ministros. Los cambios del lunes afectaron aproximadamente a una tercera parte del gabinete.

“Creo que el hecho de que [Raúl Castro] se está rodeando de gente de línea dura no significa que no habrá cambios económicos”, dijo Jorge Piñón, especialista del Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami. “Significa que necesita gente que aplique la ley y el orden mientras los cambios se implementan”.

Por FRANCES ROBLES y WILFREDO CANCIO ISLA
The Miami Herald/El Nuevo Herald

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