La Habana apuesta a la experiencia y línea dura con nuevo canciller

El nuevo rostro del gobierno cubano para su política exterior es un hombre que habla inglés perfectamente, tiene estilo profesional y acumula más de una década de experiencia vital en Nueva York como representante ante Naciones Unidas.

Los que han conocido al nuevo canciller Bruno Rodríguez Parrilla tienden a usar la misma palabra para describirlo: diplomático. No es un adjetivo que se use con frecuencia para describir a los embajadores cubanos, quienes por lo general son conocidos por su retórica ideológica.

Rodríguez es un diplomático de carrera que toma las riendas del Ministerio de Relaciones Exteriores en un momento de grandes expectativas de cambio entre Washington y La Habana.

Su predecesor fue despedido y Rodríguez fue nombrado la misma semana que el Senado estadounidense debatió ajustes a la política hacia Cuba. El ex embajador ante la ONU participará en la implementación de la política exterior cubana después de un desfile de presidentes latinoamericanos por La Habana, y un mes antes de que esos mismos líderes se reúnan con el presidente Barack Obama durante la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago.

“Raúl Castro pudiera estar preparándose para Obama, porque Obama es un factor que complica las cosas para estos personajes: Castro en Cuba, Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia”, dijo Javier Corrales, experto en temas cubanos del Amherst College en Massachusetts. “Necesitan tener una respuesta”.

Los expertos dicen que la respuesta de Rodríguez será sin dudas consecuente con la línea del Partido Comunista, pero presentada en una forma a la que los políticos estadounidenses no están acostumbrados.

Al nuevo canciller se le describe como deliberado, inteligente y un negociador efectivo. Lo que más lo caracteriza es la impasibilidad: puede decir las cosas más duras sin perder los estribos ni subir la voz.

Con 51 años es uno de los ministros más jóvenes de Cuba. Nació en México, hijo de un inmigrante español que fue refugiado de la Guerra Civil.

Graduado de Derecho, Rodríguez entró en la política como líder de la Unión de Jóvenes Comunistas y fue jefe de su Departamento de Relaciones Internacionales. Estuvo destacado en Angola y en 1990 fue nombrado al Comité Central del Partido Comunista, donde era un cercano aliado de Roberto Robaina, otro canciller defenestrado en 1999.

Durante un tiempo Rodríguez fue director del diario Juventud Rebelde y se distinguió por su línea dura frente a los cambios derivados de la perestroika y el glasnost en la Unión Soviética, renuente a su posible aplicación en la isla. Escribió en 1991 una fuerte crítica de la película Alicia en el pueblo de Maravillas, un episodio controversial que llevó a Fidel Castro a despedir al presidente del Instituto de Cine (ICAIC), Julio García Espinosa, quien asumió responsabilidad por la realización y distribución del filme.

En 1993 Rodríguez fue nombrado delegado de Cuba a las Naciones Unidas, donde afiló sus habilidades políticas hasta el 2004.

Allí pronunció encendidos discursos en defensa de la isla después del derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, y presentó una protesta oficial cuando una esquina frente a la misión de Cuba en la ONU recibió el nombre de los pilotos del grupo.

“Nunca ha trabajado fuera del gobierno”, dijo Frank Calzón, director del Centro por una Cuba Libre, una organización anticastrista de Washington. “Le pregunté a alguien en nuestro gobierno si este hombre es independiente y moderado. Me respondió: nadie en el gobierno cubano puede ser jamás independiente o moderado”.

No cabe duda de que el tacto político de Rodríguez no significa que no esté dispuesto a fustigar a Estados Unidos. Por ejemplo, criticó a los “yanquis” cuando Washington declinó condenar a los autores del golpe de Estado del 2002 en Venezuela.

“Nunca habrá acercamiento con los que quieren cortarnos la cabeza”, dijo Rodríguez en un discurso en el 2002. “No habrá concesiones, gestos o diálogo: habrá una batalla sin tregua, hasta la última bala”.

Mauricio Font, director del Centro Bildner de Estudios de las Américas en Nueva York, dijo que Rodríguez impondrá nuevamente la diplomacia en las relaciones internacionales de la isla.

“Devolverá la diplomacia cubana a una forma más tradicional”, dijo Font. “Ha hecho contactos y la gente lo respeta. Puede representar la posición cubana con fuerza, pero no se le considera un ideólogo, sino un diplomático”.

Font y Sandra Levinson, directora del Centro de Estudios Cubanos, una organización sin fines de lucro de Nueva York que defiende la normalización de las relaciones con Cuba, dijeron que muchos estaban particularmente impresionados con Olga, la ex esposa de Rodríguez.

“El era muy inteligente y tiene una esposa muy lista”, dijo Levinson, quien agregó que Rodríguez y Rodrigo Malmierca, el nuevo ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, estuvieron en la misión de Cuba ante la ONU en Nueva York. El padre de Malmierca, el ya fallecido Isidoro Malmierca, fue canciller de Cuba entre 1976 y 1992.

“Ciertamente es una señal cuando uno ve a dos personas en cargos de autoridades que fueron embajadores ante la ONU”, dijo Levinson. “Creo que están tratando de nombrar a personas más profesionales”.

Después de trabajar en Nueva York, Rodríguez fue viceprimer ministro de Relaciones Exteriores durante cinco años, donde fue el arquitecto de los recientes triunfos diplomáticos de la isla en América Latina y en la ONU.

Varios expertos dicen que la estrategia diplomática hacia Latinoamérica y Europa se concibió para enviar un mensaje al presidente Obama: el secretario general de la Organización de los Estados Americanos desea que Cuba se reintegre a la comunidad de naciones del continente. Un total de 31 países de la región tienen relaciones con la isla.

Cuba se incorporó recientemente al Grupo de Río, restableció relaciones normales con México y fortaleció sus vínculos comerciales con Brasil.

Sarah Stephens, quien dirige una organización de Washington opuesta al embargo, advierte contra colocar demasiadas esperanzas en Rodríguez.

“Creo que en Estados Unidos cometemos el error de pensar de que todo lo que hace La Habana es por nosotros. Por lo general no es así”, dijo la activista. “Me llama la atención que a su predecesor lo despidieron y que él era el segundo en la fila. Quisiera creer que La Habana desea mejores relaciones [con Estados Unidos] y que [Rodríguez] es efectivo para eso, pero no estoy segura”.

Por FRANCES ROBLES Y WILFREDO CANCIO ISLA
The Miami Herald / El Nuevo Herald

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