Templo budista tailandés dio espacio a damas-monje

Miles de féminas en Tailandia dedican su vida a llevar una existencia monástica con la finalidad de alcanzar el nirvana. En estos monasterios mantienen largas sesiones de estudio y meditación, organizan actividades sociales y asisten a los monjes en sus quehaceres diarios

BANGKOK / TAILANDIA.- No reciben las mismas muestras de respeto, ni tantos donativos como los monjes budistas, pero son miles las mujeres de Tailandia que dedican su existencia a llevar una vida monástica con la finalidad de alcanzar el nirvana o el “cese del sufrimiento”.

“No se trata de que seamos iguales o no con los monjes, sino que cada uno, ellos y nosotras, encuentre el camino hacia la liberación que nos enseñó el maestro Buda Gautama”, explicó “mae chii” (madre) Mashe, quien se inició en la vida monacal hace 21 años.

Mashe vive junto con otras cien religiosas en el templo Paknam, en Bangkok, donde mantienen largas sesiones de estudio y meditación, organizan actividades sociales para la comunidad y asisten a los monjes en sus quehaceres diarios.

Cada vez más mujeres deciden vestir los hábitos durante unos días o semanas para hacer méritos o por alguna promesa realizada a Buda.

Aunque duermen en edificios separados donde tienen prohibida la entrada las personas del otro sexo, las “mae chii” y los monjes conviven la mayor parte del tiempo en las dependencias comunes del monasterio y comparten tareas administrativas.

En el budismo theravada, que es la doctrina que se sigue en Tailandia, el equivalente femenino al monje o “bhikkhu” es la “bhikkhuni”, mientras que las “mae chii” son monjas o religiosas de orden inferior.

Tailandia, país en el que existen más de 30.000 templos o monasterios, cuenta con unos 300.000 monjes, mientras que el número de monjas o mae chii oscila entre las 10.000 y 15.000.

“Las monjas llevamos una vida parecida a los hombres en el
templo. Nos levantamos a las 3:30 de la madrugada para meditar, preparamos el desayuno de los monjes y luego recitamos las oraciones a Buda”, señala Mashe, quien como todas las religiosas viste una túnica de color blanco y lleva la cabeza rapada al cero.

Aunque las religiosas son las encargadas principalmente de la cocina, también comparten las tareas de limpieza con los monjes y, al igual que ellos, dedican la mayor parte del día a estudiar los libros sagrados y a la meditación.

“La meditación es la vía que tenemos para desligarnos del sufrimiento del mundo y acercarnos al nirvana, tal como
hizo Buda hace más de 2.500 años”, explica.

Las monjas dejan de comer después del mediodía, tienen prohibido asistir a espectáculos o maquillarse, y deben dormir sobre las esterillas extendidas sobre el suelo.

“Las renuncia a la vida social, ir a bares o conciertos o utilizar perfume me parecen poca cosa comparado con la serenidad y la paz que obtengo a través de una vida dedicada a la meditación y estudio”, subraya Mashe.

Detractores y críticos
El Sangkha, la máxima autoridad budista que existe en Tailandia, todavía se resiste a reconocer la oficialidad de las “bhikkhuni” (mujeres-monje), quienes tienen la obligación de seguir 311 preceptos, mientras que los monjes varones o “bhikkhu” deben cumplir 227 mandamientos. En el año 2002, Dhammarakhita Samaneri, que entonces tenía 56 años, se convirtió en la primera mujer de Tailandia que fue ordenada “bhikkhuni”, ritual religioso que provocó el rechazo de la mayoría de los dirigentes de las órdenes budistas más conservadoras.

EFE

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